La situación ambigua de la comunidad gitana y de su habla en la historia del castellano : 
 Entre rechazo y valorización sociolingüística.

Federico Garcia Lorca, autor del Romancero Gitano.

Federico Garcia Lorca, autor del Romancero Gitano.

 

¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza
ella quisiera bordar
Flores de su fantasía.

¡Qué girasol! ¡Con magnolia! (García Lorca 2017: 96)

En estos versos bien conocidos, extractos de la quinta Romance de su famoso Romancero Gitano, el poeta Federico García Lorca celebra la “gracia” de una monja gitana, calificándola a un “girasol” y a un “magnolia” (96). A través de esta comparación floral, García Lorca retrata una imagen muy diferente de las representaciones popularmente asociadas con las mujeres gi- tanas, como adivinas de buenaventura místicas, extrañas, heréticas y extranjeras a la fe católica (Mayo y Quindalé 20). Al contrario, la poesía de García Lorca se caracteriza por una verdadera celebración de los Gitanos, que son, según él, la expresión la más autentica de su “país” (1988: 48). Esta valorización literaria así como las numerosas palabras de origen gitana del castellano (Clavería Arza 7) contrastan con las percepciones negativas del pueblo gitano, como banda de ladrones, y de su lengua, como jerga de la delincuencia, que han jalonada las diferentes etapas de la historia de España (Franco 342). Esta tensión se puede explicar en relación con los contradic- ciones inherentes al desarrollo del nacionalismo lingüístico castellano. ¿Qué revela la situación ambigua de la comunidad gitana y de su habla a propósito de los matices de la historia de la lengua castellana? En primero lugar, examinaremos las actitudes de rechazar del idioma gitano en nombre de una cierta concepción de la identidad lingüística española. En segundo lugar, analizaremos como al mismo tiempo, dicha concepción también se resultó por una forma de val- orización de los Gitanos y de su habla. Ultimamente, concluiremos que sus relaciones paradójicas con otras culturas constituye, en una manera, la característica la más destacada de la lengua castellana.

I. Nacionalismo lingüístico en España: orígenes, características y consecuencias so- bre la situación de la comunidad gitana.

Antes de discutir las discriminaciones sociolingüísticas que sufrieron los Gitanos, se necesita introducir la tendencia expansionista y unificadora de la lengua española y luego la his- toria de la comunidad gitana en la peninsula ibérica. Esto permitirá, más adelante, entender con mejora profundidad las actitudes negativas contra la lengua gitana y su hablantes.

A. La vocación expansionista y unificadora de la lengua española.

Desde sus orígenes, la lengua española se caracterizó por una cierta vocación expansion- ista. Como lo escribe el dialectólogo y sociolingüista Franciso Moreno Fernández en La Maravil- losa Historia del Español, “conforme avanzaba la Edad Media, el tiempo jugaba a favor de la lengua castellana: las conquistas pilares ampliaban su espacio geográfico” (167). Lengua de los Reyes cristianos que fortalecieron el temprano Estado de Castilla a medida que se desarrolló la Reconquista, la lengua castellana fue también, más adelante, la lengua de dominación del imperio español a través mares y continentes. Junto al estatuto internacional del español a partir del siglo XV, conviene mencionar igualmente la importancia fundamental del idioma en la construcción del Estado castellano : le lengua española fue la de la administración, de la enseñanza, “de la cultura y de la ciencia” y de las obras literarias quienes acompañaban la historia de la Castilla (Moreno Fernández 78). Señalemos, de paso, que la primera Gramática de la lengua
castellana
fue publicada en 1492 por Antonio de Nebrija. Lengua de la literatura, de las escuelas así como de la vida cotidiana, el español se convirtió en vector de unificación social. (98).1

Bajo la dinastía de los Habsburgos, el imperio español conoció a su apogeo territorial y cultural (Moreno Fernández 97). Durante el siglo de Oro, empezó una producción literaria sin precedente que también afianzó el prestigio y el carácter unificador de la lengua español. A partir del siglo XVIII, la España ilustrada se dotó de una institución reguladora de su lengua, la Real Academia Española, y se abrió a “un nuevo modelo educativo” debido a la influenza francesa (160). También dicha influenza tuvo por consecuencia “la ordenación de la vida social en torno a los conceptos de centralismo y de uniformidad” (160). Al mismo tiempo, se construyeron en Eu- ropea verdaderas “naciones lingüísticas” (182), y así, la lengua española se convirtió progresiva- mente en pieza clave de “la identidad nacional” del país (Buzek 278). Según Ivo Buzek, profesor de filología en la Universidad de Masaryk en República Checa, el nacionalismo lingüístico eu- ropeo fue afianzado por la difusión del romanticismo que también “relacionaba la lengua con la identidad nacional” (Buzek 276). Esto fenómeno puede apreciarse en una frase del abate, ensay- ista y economista Miguel Antonio de Gándara citada por Moreno Fernández. Se encuentra en una “obra encargada por Carlos III [...] :

A la unidad de un rey son consiguientes necesarios otras seis unidades: una moneda, una ley, un peso, una mediad, une lengua y una religion” (Antonio de Gándara citado por Moreno Fernández 157).

Aquí, los vínculos entre la unidad del reino y el compartimiento de la misma lengua aparecen ex- plícitamente — eventualmente planteando la cuestión del papel del español en el sentido de iden- tidad nacional, como lo examinaremos más adelante.

Pero dejando de lado esto aspecto por el momento y recordemos que el nacionalismo lingüístico no es un concepto que se da descontado. Al contrario, se trata de un objeto que ha sus- citado debates historiográfico apasionados. Para discutirlo, esta parte del ensayo adoptará el doble cuadro definido por Hobsbawm y Anderson. En su libro Nations and Nationalism since 1780: programme, myth, reality el historiador Eric Hobsbawm pose que la lengua participa a la formación de la nación (Ramallo 11). Y respecto a Benedict Anderson, ello explique en su Imag- ined Communities que “la lengua no es entonces sólo un índice que apunta a una identidad colec- tiva, sino que también permite que las identidades colectivas emerjan y las naciones sean imagi- nadas” (Buzek 275).2

En España, una manifestación de la emergencia de la identidad colectiva al plan lingüísti- co nacional fue, por su puesto, el casticismo. Nacido como reacción a “la tendencia al afrance- samiento” del siglo XVIII, el casticismo impulsó a una reflexión sobre la naturaleza del ser es- pañol que se relacionada con la cuestión de la lengua (Moreno Fernández 167). No es sorprendi- do que el casticismo viene del término portugués casta que significa “raza” (Prado 46). En efec- to, el casticismo nació como un movimiento que “valoraba lo propio, y se complacía en lo tradi- cional, sobre todo si era nacido del pueblo” (67). Si, como lo analizaremos más adelante, el casti- cismo se desarrolló en diferente direcciones hasta el siglo XX, es importante subrayar que siem- pre incluyó una meditación sobre la manera de hablar.

De acuerdo a Buzek, el nacionalismo lingüístico castellano y en su seno, el casticismo, fueron vectores ideológicos de dominación que contribuyeron a la exclusión de las comunidades no castellanohablantes (Buzek 272). Según el Profesor, para “mantener la imagen de España como un Estado-nación lo más uniforme posible” no se aceptó “la presencia de otro grupo étnico llegado de fuera con una lengua propia” (279). Esta ideología - palabra que Buzek define sigu- iendo la perspectiva de Althusser como “un sistema básico de creencias que subyace a la cogni- ción social de un grupo”3 - tuvo por consecuencia lingüística el rechazo y el desprecio del habla de los Gitanos (Van Dijk 31 citado por Buzek 266). Antes de examinar más precisamente las car- acterísticas de dichas actitudes, tenemos definir de qué se trata exactamente cuando discutimos de los gitanos españoles y de su habla.

B. La situación de los Gitanos y de su lengua en la nación castellana.

Si ciertas incertidumbres persisten sobres los orígenes de los gitanos, numerosos histori- adores se acuerdan para decir que ellos vendrían del Norte de India (Mayo y Quindalé 1). Sabe- mos que su aparición en Europa corresponde al primer tercio del siglo XV, y al fines del siglo en España, donde los gitanos se dieron el nombre de Zincalés (2, 4). La persecución de la comu- nidad, muy antigua, ha tenido dos causas casi constantes : su supuesta pobreza que hace ser conocidos los gitanos como ladrones y delincuentes, y sus famosas tendencias al misticismos, contrario al fe católica, con el ejemplo paradigmático de la mujer gitana adivina de buenaventura que recordemos en nuestra introducción (5). Desde el temprano Edad Media, los Gitanos “iban a convertirse en un «verdadero prototipo de la holgazanería y el fraude» encarnando «al vagabundo por excelencia»” (Vázquez García 71 y 80, citado por Buzek 265). Acusados de falta de religión, a veces de delito de canibalismo, los Gitanos, raza extranjera de “salvajes,” fueron el objeto de “leyes de opresión y perseguimiento” a través toda Europa (Mayo y Quindalé 28).

En España, “desde finales del siglo XVI en las fuentes administrativas y jurídicas [...] se negaba con insistencia la existencia de una «nación gitana»” (Vázquez García 72 citado por Buzek 265). En el siglo XVII, tratadistas como Salazar de Mendoza o Juan de Quiñones “pro- ponían aplicar [a los gitanos] severos castigos (galeras, azotamiento público) o hasta destierro de España” (Vázquez García 80 y Torrione 1988 citados por Buzek 265). En 1619, Felipe III firmó en Lisboa “un decreto para hacer salir a los gitanos de toda la península en el espacio de seis meses, con pena de muerte a los que volviesen” (Mayo y Quindalé 28). Si más adelante, “baja la influencia de las ideas filosóficas de los enciclopedistas,” la situación jurídica de los Gitanos cambió, persiguieron los persecuciones y su aislamiento social a través de estrategias de ex- clusión lingüísticas (Mayo y Quindalé 29).

En efecto, según Buzek, aunque el plan de asimilación de los Gitanos impulsó por Carlos III al fin del siglo XVIII refleja la voluntad del Estado de nivelar la comunidad “con el resto de los súbditos y ésta exigía «la aniquilación simbólica del colectivo»” (Vázquez García 85 citado por Buzek 265). De hecho, argumente Buzek, la inclusión de los Gitanos tuvo por “condición de que [ellos] [...] dejaran de usar su lengua, trajes y costumbres” (265). “En casos contrarios, se les seguía aplicando las mismas penas que a los vagabundos” (265). En otras palabras, no importa si se trata de rechazar o de integrar los Gitanos a la nación castellana : la voluntad de prohibir el habla gitano se ha siempre sido pieza clave de las políticas del Estado. Antes de discutir esta posición, bastante arraigada, y sus manifestaciones sociolingüísticas, debemos definir precisa- mente de qué se trata cuando nos referimos a la lengua de los Gitanos españoles.

Como los Gitanos, las orígenes del caló, o “la lengua de los gitanos españoles,” se ubican en el Norte de India (Buzek 264). Por esto, el habla gitano o idioma romaní, que se declina en diferentes variedades lingüísticas en Europa y a través el mundo, sería derivado del “Sanscrito y [...] ás ó mémos directa del Zénd” (Mayo y Quindalé 46). Porque el habla gitano fue conservado “en la memoria de las generaciones sucesivas, sin haber sido nunca un lenguaje escrito,” el id- ioma se codificó al escrito adoptando las normas de cada comunidad lingüísticas donde “los gi- tanos han vivido” (Mayo y Quindalé 46). “Así [...] el caló [...] tiene la misma escritura y alfa- beto [...] que el castellano” pero ha conservado propios rasgos de gramática y de vocabulario (46). Sin embargo, es importante subrayar que el término caló no está de ninguna manera una palabra neutral : desde su aparición se vio asociado con una connotación peyorativa, reflejo de los estereotipos atribuidos a la comunidad gitana. En este sentido, caló a veces significa el “ar- got de la delincuencia” (Buzek 264). Utilizando el trabajo de Buzek, analizaremos ahora más precisamente las características de las estrategias lingüísticas de aislamiento social que sufrieron los Gitanos.

C. El rechazo lingüístico de los Gitanos: estrategias y características.

Nos ayudaremos en esta parte del artículo “¿Qué quiere decir caló? Matices de un glotón- imo” de Buzek, publicado en 2016. Buzek identifica tres estrategias de rechazo lingüístico de los Gitanos — rechazo motivado, recordémoslo, por el nacionalismo castellano y el temprano casti- cismo. La primera, definida como “iconización,” se produce cuando “determinadas características lingüísticas llegan a ser consideradas como representaciones icónicas de determinados grupos sociales y de sus actividades, como si de algo inherente o natural se tratara” (Buzek 267). La se- cunda, llamada “recursividad fractal,” “comprende la proyección de una oposición o de una serie de relaciones que son operativas en un nivel hacia otro nivel u otro plano” (267). Y la tercera, la “elisión ideológica” se encuentra cuando la “situación lingüística” de “determinadas personas, actividades o fenómenos sociolingüísticos llegan a ser prácticamente invisibles” (267). Buzek da el ejemplo de Sancho de Moncada, “autor del terrible tratado Expulsion de los gitanos, y precur- sor de la Gran Redada de Gitanos de 1749” (Buzek 268). Moncada escribió que lengua gitana era “toda maldad hacen à su salvo, confiriendo entre sí en lenguage con que se entienden sin ser en- tendidos, que en España se llama GERIGONZA”4 (Moncada 210 citado por Buzek 268). Esto argumento ilustra una actitud de iconización porque define “el lenguaje de los gitanos como gerigonza, es decir, como el argot de la delincuencia” (Buzek 268).

Importantemente, Buzek enfatiza como varios escritos desde el siglo XVII hasta hoy han negado el estatus de “etnia” o de “nación” a través de estrategias de elisión ideológica que rec- hazaron la existencia de una lengua gitana. Este proceso se pueden apreciar en el Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas de Hervás publicado entre 1800 y 1805, que define el caló como un lenguaje:

llamado gerigonza por los españoles, [que] se ha fingido probablemente por los gitanos de España para suplir por el nativo que habian olvidado, ó que habia perecido con la mezcla de los muchos españoles foragidos que se habian unido con ellos. En España, como tambien en Italia, los gitanos han olvidado y perdido casi totalmente su lenguage nativo, y queriendo continuar tratándose con un lenguage desconocido á los españoles e italianos, han inventado algunas palabras; y otras muchas las han formado, alterando la significacion de las italianas y españolas, ó invirtiendo sus sílabas (Hervás 312 citado por Buzek 269).

Aquí desaparecen tan la población gitana como su lengua. Además, como lo argumente Buzek, Hervás acude “a comparaciones con la situación en Italia como un argumento de objetividad y generalización del fenómeno,” proceso característico de estrategias de la recursividad fractal (Buzek 269). Es sumamente interesante remarcar que, Hervás no intentó a escribir un ensayo argumentativo pero verdaderamente un texto de naturaleza descriptiva, así dando una supuesta di- mensión objetiva y científica a su definición. Un siglo después, una actitud similar se encuentra en el siguiente extracto del diccionario español-caló del autor Augusto Jiménez :

Hasta cierta época ha tenido mucha variacion su lenguaje, por las diferentes personas de varios reinos que se les agregaban, ya fugitivos, ya vagabundos, ociosos ó los que no en- contraban medios de buscarse el sustento en su pais: [...]. En esta nacion [España] el úl- timo lenguaje que compusieron es del que se tratará, y aunque muchos creen que todos lo hablan, debe hacerse una advertencia de ello, pues los mas civilizados no lo entienden, y el que usan entre sí, y no con frecuencia, es sacado de aquel y del mal andaluz, con lo que componen una jerga semijocosa; asi como los que andan ambulantes por los campos y montes, que se ocupan de hacer canastas y esquilar, son los que más bien lo poseen, aunque no con mucha perfeccion (Jiménez 6,7 citado por Buzek 271).

Como lo resume Buzek, “Jiménez acudió aquí al paradigma civilizatorio, a la invención del “otro” –sin progreso, primitivo– frente a la racionalidad y la civilización occidentales,” fortale- ciendo así el nacionalismo lingüístico castellano mientras que ilustrando la tendencia del casti- cismo a valorar una concepción exclusivista de la raza castellana (Buzek 272). Por último, señalemos que la tendencia a naturalizar la debilidad lingüística de los gitanos como hecho obje- tivo tuvo como consecuencia, hasta hoy en día, la prevalencia de concepciones estereotípicas y peyorativas, aunque en trabajos académicos que intentaron reconocer la existencia de una lengua gitana y a establecer que “las voces de germanía nunca fueron gitanas” (272). Esto eventualmente revela cómo una ideología, y en este caso, el nacionalismo lingüístico, logró a infiltrarse en “la cognición social de un grupo” a través del lenguaje (Van Dijk 31 citado por Buzek 266).

Existe al menos un movimiento teorético y critico cuyo objetivo es precisamente identi- ficar y descomponer los sistemas de creencias que subyacen el lenguaje : el estructuralismo lingüístico, conceptuado originalmente por el antropólogo Claude Lévi-Strauss a propósito de las sociedades humanas en general (Tyson 209). Según Lévi-Strauss, cada sociedad se desarrolla acompañada de varios sistemas de representaciones, o signos, que reflejan, conscientemente o no, la ideología de la sociedad en cuestión. La lengua constituye uno de los espacios donde se puede aplicar la análisis estructuralista por excelencia : las palabras de un idioma forman un sistema de significaciones que debe descifrar el sociolingüístico. Pero, al mismo tiempo, como lo argumenta el crítico Jacques Derrida, dichos sistemas de significación son complejos, cambiantes y a veces contradictorios (Tyson 249). Por eso, explique Derrida, es mejor analizar la lengua desde un pun- to de vista deconstructivista, como un sistema de significaciones cambiados y cuyas interpreta- ciones son variables y ambiguas (249). Esta perspectiva adeuda entender porqué, no obstante el rechazo lingüístico del habla gitano descrito anteriormente, el caló también conoció a una cierta valorización en la cultura castellana como lo analizaremos ahora.

II. Ambigüedades del estatuto sociolingüístico de los gitanos españoles: valorización paradójica de la figura gitana en la literatura y de su valor cultural en la sociedad castel- lana.

Si a veces la imagen social y la lengua de los gitanos españoles se han sido asociadas con el argot de la delincuencia, como lo estableció la parte anterior de nuestra reflexión, al mismo tiempo a partir de los siglos XVIII y XIX existió una “cierta convergencia entre la identidad castellana y la identidad gitana” (Franco 344-345). Esta convergencia se vio acompañada del de- sarrollo de una valorización cultural del pueblo gitano y de su lengua, valorización que se mani- festó de diferentes maneras según las épocas como lo discuten los párrafos siguientes.

A. El papel del Flamenquismo en la transmisión de la cultura gitana a la sociedad española.

En la primera parte del ensayo hemos mencionado el casticismo como el movimiento que proporcionaba al nacionalismo lingüístico castellano unas basas para rechazar la lengua de los gitanos. También definimos el casticismo usando las palabras del Profesor Moreno Fernández, como una postura nacida en reacción al afrancesamiento al fin del siglo XVIII que valorizaba “el propio y tradicional” (167). Así el casticismo se enfoca sobre el presente, sobre “la manera de hablar, [...] de vestir, [...] de bailar y [...] de comer” (168). Por consecuencia el casticismo “tuvo manifestaciones particulares en cada área geográfica” (168). En Andalucía “se expresaba en for- ma de flamenquismo, de aprecio por lo flamenco, por lo popular andaluz, con toros y bailes, que en el siglo XIX se trasladaría a la literatura e inundaría el habla de voces y gitanos, así como de cantes y coplas” (168). En efecto, dicho flamenquismo puede ser definido como “fusión de la tradición gitana y del repertorio andaluce” (Franco 344). En otras palabras, de manera bastante paradójica, concentrándose sobre lo propio, el casticismo impulsó al auge del flamenquismo. A su vez el desarrollo del flamenquismo se resultó por la transmisión al castellano de numerosos pal- abras gitanos, como “canguelo «miedo», chipén «estupendo»” (Moreno Fernández 168).5 Además el flamenquismo impulsó también “la entrada de la cultura gitana en la sociedad españo- la a través de la mediación de las clases altas, de la aristocracia y de los artistas” (Franco 344).

En su libro Los Gitanos, El Flamenco y Los Flamencos, Rafael Lafuente analiza este pro- ceso. Enfatiza Lafuente que “lo gitano ha llegado a convertirse en motivo simbólico de lo an- daluz” (18). El gitano, su música y su baila se vio “exaltados” en el flamenquismo. (19) “El fenómeno comienza, según [el Profesor] Clavería, a mediados del siglo XIX y crece en influencia [...], resultando todavía significativo en las primeras décadas del siglo XX” (Paredes Méndez 4). Progresivamente, “las clases medias y altas imitan las costumbres del pueblo bajo” y de “la cultura del flamenco” (4). En su artículo “Las hijas de Don Juan de Blanca de los Ríos y otros textos: donjuanismo y flamenquismo vs. regeneración nacional,” la Profesora Francisca Paredes Méndez discute el ejemplo de la revista Madrid Cómico, publicada al final del siglo XIX por la primera vez. “En múltiples portadas de Madrid Cómico las protagonistas son mujeres jóvenes, vestidas al estilo chulo-flamenco” y “los comentarios sobre las juergas flamencas son continuos” escribe Paredes Méndez (4). Así el caso del Madrid Cómico “d[a] testimonio de la influencia del flamenquismo [y de las costumbres gitanas] en la sociedad española” (4). Si, al torno del siglo XX, los escritores de la Generación de 98 rechazaron “esas imágenes esencializan de un tipo de identidad individual, [de] un tipo de «españolidad»” también abrieron el camino a nuevas formas de celebración de la cultura gitana — como lo analizaremos ahora.

B. “En torno al casticismo”: renovación de la definición del ser español, apertura a la cultura extranjera de la Generación del 98 .

En La Literatura Del Casticismo, el Profesor Angeles Prado discute cómo el grupo de la Generación del 98, que reunió autores, poetas, ensayistas y filósofos especialmente activos en España después de la guerra de Cuba en 1898, se dedicó a una reflexión profunda sobre el con- cepto de casticismo mientras que criticó el régimen político de la Restauración, la situación de la escena literaria y la debilidad del sistema educativo (31). Prado empieza con una discusión del ensayo clave del poeta y filósofo Miguel de Unanumo, “Al torno al casticismo,” publicado en 1895. En este texto, Unanumo “afirma que el espíritu del ciudadano español es uno de «ramplon- ería comprimida [. . .] enorme trivialidad y vulgachería» y lo identifica como el determinante del pésimo estado mental y moral de la nación” (Unanumo 287 citado por Paredes Méndez 3). Así, “el flamenquismo es leído como una degeneración de lo que en su momento fueron virtudes de la España imperial” (Paredes Méndez 3). Sin embargo, lo que está criticando Unanumo se relaciona con la vulgarización de la cultura flamenca y sus desviaciones caricaturescas — pero no con sus orígenes gitanas estrictamente hablando. Si en los escritos de las voces regeneracionistas se en- cuentran definiciones a veces contradictorias e “ambigu[as]” del casticismo, sus reflexiones abrieron la vía para la “búsqueda de la propia identidad colectiva” (Prado 59, 50). Esta búsqueda rechazó una definición “absoluta” y exclusivamente cristiana del ser español (Menéndez Pidal 145 citado por Prado 44). Unamuno, por su parte, defiende “una idea de identidad nacional es- pañola unida pero plural” que incluye todas las variedades culturales del país (Pedro Sánchez- Romero 5). Se puede decir así que, de hecho, la comunidad gitana se vio integrada al proyecto de regeneración nacional. En efecto, la convivencia secular de diferentes culturas necesitaba consti- tuir, según varios autores de la Generación del 98, la base de la renovación nacional, tanto al niv- el social como al plan lingüístico (Prado 47, 48).

Cuando se trata de lengua, Unamuno deseó “encontrar un español nuevo que le permita ser fiel a la verdad, un español castizo y a la vez abierto al cambio, con el que pueda articular sus reflexiones y definir el camino del progreso” que posibilitaría a España de “renacer” (Pedro Sánchez-Romero 23). Esto no se pudo cumplir “con una lengua inflexible ni con lenguas difer- entes que no reflejan la unidad de la nación” (23). Como en España obviamente coexistieron “varias lenguas,” la “propuesta lingüística de Unamuno” fue la “superación del castellano –un «sobrecastellano»– que fusione todas las lenguas españolas y que constituya una única lengua de integración nacional, de regeneración, de progreso y común para todos los
hispanohablantes” (23). Unanumo defendido por un lado la importancia de introducir más liber- tad en la lengua española y por otro la necesita de “aceptar palabras extranjeras” (26). Esta posi- ción revela que el nacionalismo lingüístico castellano que discutimos en la primera parte del en sayo no fue tan monolítico como lo analiza Buzek. Por contrario, la re-interpretación social y lingüística del casticismo por la Generación del 98 abrió el camino a la celebración literaria de la lengua y de la cultura gitana como lo analizaremos últimamente, enfocándonos sobre el Ro- mancero gitano del poeta Federico García Lorca.

C. Los tempranos desarrollos literarios del siglo XX : celebración renovada del gi- tano y de su habla en la poesía de la Generación del 27.

Federico García Lorca fue una figura prominente de la Generación del 27; grupo de au- tores y poetas que sucedió a la Generación del 98. Se formó inicialmente como manera de rendir homenaje al poeta Luis de Góngora (“Espagne : littérature espagnole"). El movimiento literario, aunque heterogéneo, se caracterizó por la voluntad comuna de renovar el lenguaje poético a través de experimentaciones formales, de técnicas de creación surrealistas y de liberar la expre- sión subjetiva de la voz poética y su compromiso político (“Espagne : littérature espagnole"). Es- tos rasgos se encuentran en la poesía de García Lorca, que celebra la figura del gitano en su Ro- mancero Gitano, publicado en 1928. Si esta forma de celebración poética del personaje gitano ya había existido en el romanticismo del siglo XIX, se expresó con aunque más fuerza en los versos de García Lorca. En efecto, como lo mencionamos en la introducción, según García Lorca “el gitano es lo más elevado, lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y
universal” (1988: 48). Así, de manera sumamente interesante, García Lorca identifica las particu- laridades del gitano como la expresión paradigmática no solo de la nación española pero también del ser humano. La fama de García Lorca y la influencia del Romancero Gitano sobre toda la lit- eratura española, europea y internacional contribuyeron ciertamente a dar una visibilidad positiva a los gitanos y a su lengua, pero sin por tanto impedir totalmente las connotaciones negativas asociadas a la comunidad gitana — y es con este paradójico que quisiéramos concluir.

*
Si la primera parte de nuestra reflexión ha establecido que la comunidad gitana se vio

perseguida debido al “ideario ideológico europeo de lengua como el espejo de identidad nacional y con el de Estado-nación” (Buzek 280), la segunda parte ha discutido, por contraste, cómo el caló tuvo una gran importancia en las “manifestaciones del casticismo nacional” y los gitanos una existencia literaria significativa (Fuente 18). Ultimamente, se puede argumentar que este paradójico refleja uno de los aspectos lo más fundamental del castellano : sus relaciones am- biguas con otras comunidades sociolingüísticas. Abierta al enriquecimiento lingüístico y a las cul- turas extranjeras pero al mismo tiempo deseosa de conservar su “pureza,” la lengua castellana superó esta tensión a la vez haciendo del extranjero la esencia de su pureza : “nuestro hipismo más característico tiene sabor gitano” escribe Fuente (18). En este sentido, el caló y los gitanos son “la representación de algo muy nacional” : las contradicciones de la lengua española, masa vacilando entre curiosidad hacia al Otro y ensimismamiento (Clavería 20 citado por Paredes Méndez 4). Así la historia del castellano está jalonada por objetos literarios y desarrollos artísti- cos híbridos, a caballo entre las lenguas y las culturas, desde las kharjas6 árabes al flamenco, pasando por los Comentarios del Inca Garcilaso de la Vega, la música canaria y por su puesto, el Romancero Gitano.

Rosalie Calvet-Soubiran. © RCS, Diciembre 2018.


Notas


1 Esto proceso, sin embargo, no excluyó las permanencias de diferencias lingüísticas entre areas urbanas y rurales por un lado, y entre modalidades regionales por otro lado. (Moreno Fernández 98, 99)

2 Esta cita es dada por Ivo Buzek en su artículo “¿Qué quiere decir caló?,” cuyo referencias están en la bibliografía de este trabajo. No es una cita directa de Anderson, pero de Ofelia Garcia, parafraseando Anderson. Las referencias del trabajo de Ofelia Garcia son:

García, Ofelia. 2007. Lenguas e identidades en mundos hispanohablantes: desde una posición plurilingüe y minoritaria. En M. Lacorte, coord. Lingüística aplicada del español. Madrid: Arco/Libros, pp. 377-405.

3 También aquí Buzek cita Van Dijk quien parafrasea Althusser.

4 Cursivas y versales del original.

5 El Professor Carlos Estudios Clavería, en sus Estudios Sobre Los Gitanismos Del Español de 1951 ofrece un estudio extensivo de los prestaos gitanos al castellano.

6 Se trata de los versos finales de composiciones poéticas araba-andaluces “[compuestos alternativamente en árabe y romance, pero] escritos con caracteres árabes o hebreos, llamados aljamía, en los que nos se anotan las vocales.” (Moreno Fernández 57)


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